El making off de una agencia


No por habitual que resulte en los tiempos que corren se hace más fácil enfrentarte a un parón laboral en tu vida. No por formar parte del refranero popular se cumplen dichos como “mal de muchos, consuelo de…”

Y, sobre todo, no por encontrarnos en una etapa en la que la situación generalizada tiende a matar las ilusiones y proyectos de las personas debemos dejar de intentarlo.

Nadie nos dijo que lo hiciéramos, ni nadie nos dijo que sería fácil. Pero no hay nada peor que arrepentirse de lo que no has hecho o ni siquiera has intentado.

Dimos largos paseos por sitios bonitos que nos ayudaran a tomar decisiones, tuvimos interminables charlas, bebimos muchos cafés, pensamos, requetepensamos hasta que… ¿Por qué no?

 

 

 

Sin quererlo estaba en marcha, el making off de una agencia, la nuestra.

Tocaba poner nombre y no fue tarea fácil. A veces queríamos los nombres más sencillos, otras los más excéntricos, sería que no había llegado el nuestro, porque cuando llegó, se quedó.

Rapidamente lo fijamos en la pared de nuestra pequeña oficinita e igual de rápido lo fijamos en lo más adentro de cada una de nosotras. Era una palabra, pero era la palabra perfecta, la que reflejaba lo que queríamos hacer, trabajos personalizados, cercanos, hechos a medida para cada cliente.

 

 

Y aunque la austeridad se ha convertido también en una máxima y ya se encargan de recordárnoslo todos los días, con poco dinero y muchas ganas, empezamos a adecentar nuestro sitio de trabajo y, lo más importante, a trabajar.

 

 

 

 

 

 

 

El móvil suele dar buena cuenta de los pasos que damos y de él hemos sacado estas primeras imágenes, las huellas de todo este proceso que no es más que el principio de un futuro mejor, porque es el que nosotras mismas hemos elegido.

Y no se trata de ser las mejores, pero sí de hacerlo lo mejor que sabemos.